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Oct 29

Centros comerciales y (presunta) libertad de compra

Una de las perversas consecuencias de la sociedad actual es identificar libertad con capacidad de consumo. Cuanto más tiempo y recursos se pueden dedicar a la adquisición de bienes, mejor.

En los términos de esta ecuación se aduce a la capacidad de poder elegir entre diferentes alternativas comerciales, pero ¿Es esto así?

La realidad es más prosaica, puesto que, a la hora de la verdad, la gran mayoría de las cosas que compramos son en grandes superficies o tiendas que pertenecen a unos poquitos propietarios, empresas de nombres que desconocemos y que están detrás de varias marcas comerciales.

En estos días ha habido debate en Zaragoza sobre la apertura de un nuevo centro comercial. Un debate que es común a muchas otras ciudades donde se ponen en marcha estos proyectos. No está de más repasar quiénes son los propietarios para comprobar que entre menos de diez empresas poseen la gran mayoría de estos centros en nuestro ámbito más cercano. Lo que en la práctica se conoce como oligopolio.

Para empezar si nos atenemos a quién es el dueño de las grandes superficies comerciales quedarnos con una simple marca como Puerto Venecia no tiene por qué querer decir nada. El propietario actual del centro comercial más grande de nuestra ciudad y el segundo más grande del estado es Intu Properties, una cartera de inversores con sede en Reino Unido que empezó con un agresivo plan en 2013 y que a finales de 2017 pretende haber acumulado 100.000 metros cuadrados de superficie bruta alquilable (SBA, la medida en que se miden estos espacios) en todo el Estado.

Compitiendo directamente con Intu se encuentra Unibail-Rodamco, empresa franco-holandesa sin presencia en Aragón pero con 16 centros en el Estado Español y planes de seguir creciendo.

Estas dos empresas junto con la francesa Grupo Klépierre / Klépierre Iberia, propietaria de Augusta y dueña de 178 centros comerciales en Europa son las mayores propietarias de espacios comerciales en el Estado Español. Si a ellas le sumamos la dueña de Grancasa: CBRE Global Investors, aliada estratégicamente con Sonae Sierra, y la antigua propietaria de Puerto Venecia, Orion descubrimos que la gran mayoría de los centros comerciales son propiedad de un grupito de fondos de inversores gestores de mercado inmobiliario de altos vuelos y con capital de procedencia desconocida. De hecho sorprende encontrar, por ejemplo, que el centro comercial más grande de Asturies, Parque Principado, es sobre el papel de Intu, pero la mitad de la inversión es de un grupo canadiense de planes de pensiones.

Por supuesto el volumen de negocio es muy grande. Así pues tienen conexiones con la venta on line y centros lo mismo en Madrid que en Bucarest, en las playas de Benidorm o en las de Ciudad del Cabo. Las mismas empresas con diferentes marcas las encontramos en medio mundo.

Estas empresas, por otro lado, se aseguran que su mercado sea muy rentable, para lo cual cuentan, entre otras cosas, a menudo con ayuda institucional que roza la prevaricación. Como por ejemplo leyes ventajistas, transporte público, deducciones de tasas o bonificaciones en el recibo de agua. Un juego trucado contra el que no puede competir el pequeño comercio. Un ejemplo cercano: en Aragón se canceló la moratoria de grandes superficies para que se pudiera dar vía libre a Puerto Venecia. Otro: Si no llega a ser porque el asunto saltó a los medios Torre Village en Zaragoza se hubiera librado de nada menos que tres millones de euros a revertir al consistorio.

Esto en cuanto a la estructura a lo grande, pero quedan los que venden sus productos en estos lugares, el negocio del detal o retail en su denominación inglesa. Dentro de una gran superficie lo que encontramos esencialmente son sucursales y/o franquicias de multinacionales. En equipamiento deportivo lo de Decathlon es casi monopolio. En mobiliario Ikea, en bricolaje Leroy Merlín, en electrodomésticos Media Markt y en ropa Primark o Zara.

No me moveré del entorno europeo, pero para empezar con un ejemplo ilustrativo comentar que la estadounidense Walmart, líder del sector, tiene más ingresos que todo el PIB de España y varias de las mayores fortunas del mundo se mueven en el mundo de la venta minorista.

En el entorno europeo, pero no sólo aquí es donde hace negocio la corporación Mulliez, copropietaria de Decathlon, y accionista mayoritaria de Alcampo, Norauto, Simply o Leroy Merlin por poner unos ejemplos.

La estrategia comercial de la llamada Asociación Familiar Mulliez, porque en efecto sus propietarios son todos familia entre sí, ha sido sencilla pero efectiva: compro todo lo que esté en venta y si no renta lo cierro o lo vendo. Así pues compraron por ejemplo los supermercados aragoneses Galerías Primero que luego vendieron al grupo el Árbol.

No creo que haga falta hablar de Inditex y Amancio Ortega (Zara, Pull & Bear, Massimo Dutti, Bershka…), uno de las mayores fortunas del mundo, con miles de tiendas y una fabricación de 1300 millones de prendas de vestir al año.

Primark es un curioso experimento de una de las mayores cadenas procesadoras de alimentos: Associated British Foods que tiene 113.000 trabajadoras. Con su cadena de tiendas de ropa a precios reducidos ha entrado en el mercado europeo y ya supera las 200 tiendas. Puedes estar tomando un café después de comprar Primark y luego comprar una pieza de bollería y todos los productos podrían ser de ABF.

¿Qué tienen en común todas estas grandes cadenas de venta? ¿Precios baratos? Sí, pero también salarios bajos y condiciones de precariedad laboral preocupantes. Además sus currantes tienen que laborar varios festivos al año, a menudo por el mismo sueldo. Las denuncias sindicales darían para una colección de artículos.

Eso aquí, porque mucho peor lo tienen quienes producen los productos que luego compramos. Aunque muchas de estas casas sacan pecho de su europeísmo la mayor parte de su producción está externalizada en países pobres. Que se lo cuenten sino a los 100.000 camboyanos que trabajan para Inditex por unos 130 euros al mes o en Marruecos para esa misma empresa o Mango por unos 300 euros/mes y 45 horas semanales.

En otro orden de compras ¿Quién no tiene un producto de Ikea en casa? La compañía sueca de Ingvar Kamprad es líder en el sector de mobiliario a base de haber machacado los precios de sus productos que vende sin montar. Es la tercera mayor consumidora de madera del planeta y su negocio se basa en una intensa campaña de marketing en que sus muebles parecen más baratos de lo que son y en una presentación impecable.

También cultivan una imagen ética, pero a la hora de la verdad la presunta fundación que gestiona los beneficios trabaja con paraísos fiscales situados en lugares como Liechtenstein. Su fundador se asentó en Suiza, donde también a nivel fiscal tiene su sede la empresa.

Pese a su talante europeísta y a su imagen de ONG no deja de recurrir a la facturación en China y sus condiciones laborales son similares a las demás cadenas comerciales de su estilo.

Se quedan muchas compañías en el tintero y todas ellas obedecen a un esquema similar: Facturación deslocalizada en países sin derechos laborales, curro precario en sus tiendas y prácticas de oligopolio.

Tampoco he hincado el diente al mundo de las franquicias o a los restaurantes de comida rápida, también empresas multinacionales de producción deslocalizada, pero el esquema es muy similar.

Varias de las corporaciones más fuertes del mundo nos dan la libertad de comprarles… a ellas.

2 pings

  1. Acratador 27 Oct 16 – Radio Topo

    […] pongamos al día de lo que significan estas grandes superficies damos un somero repaso tomado de este artículo. Hay más noticias, aunque por imponderables diversos el programa salió más cortito de lo […]

  2. El Acratador 27 Octubre 16 » El Acratador

    […] « Centros comerciales y (presunta) libertad de compra […]

Responder a El Acratador 27 Octubre 16 » El Acratador Cancelar respuesta

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